En un universo vasto que a veces parece siniestro e indiferente a nosotros,
necesitamos la presencia y el abrigo del amor para transfigurar nuestra
soledad. Esta soledad cósmica es la raíz de nuestra soledad interior.
Nuestra vida, todo lo que hacemos, pensamos y sentimos está rodeado
por la Nada. De ahí que sea tan fácil atemorizarnos. El Maestro Eckhart
dice que la vida humana se encuentra bajo la sombra de la Nada, sub
umbra nihili. Sin embargo, el amor es la hermana del alma, su lenguaje
más profundo y su presencia. En el amor, a través de su calor y creativi-
dad, el alma nos protege de la desolación de la Nada. No podemos llenar
nuestro vacío con objetos, posesiones o personas. Debemos avanzar más
profundamente en ese vacío para encontrar debajo de la Nada la llama del
amor que nos aguarda para darnos calor.
Nadie puede herirte tan profundamente como tu ser amado. Cuando
admites al Otro en tu vida, abres tus defensas. Aun después de años de
convivencia, tu afecto y confianza pueden sufrir una decepción. La vida es
peligrosamente imprevisible. La gente cambia, a veces de manera drástica y
repentina. El resentimiento y el rencor desplazan el arraigo y el afecto.
Toda amistad atraviesa en algún momento el valle negro de la
desesperación. Esto pone a prueba tu afecto en todos sus aspectos. Pierdes
la atracción y la magia. El sentimiento mutuo se vuelve sombrío, la presen-
cia hiere. Si eres capaz de atravesar este tiempo, tu amor puede emerger
purificado, despojado de la falsedad y las carencias. Te llevará a otro
terreno donde el afecto puede volver a crecer. A veces una amistad se echa a
perder y las partes apuntan a sus centros de negativismo recíproco.
Cuando se unen en el punto de carencia, es como si parieran un espectro
dispuesto a devorar el último retazo de afecto entre los dos. Ambos son
despojados de su esencia. Se vuelven impotentes, recíprocamente
obsesionados. Entonces son necesarios la oración profunda, mucha atención
y cuidados para reorientar las almas. El amor puede herirnos
profundamente. Debemos tener mucho cuidado. El filo de la Nada corta
hasta el hueso. Otros quieren amar, entregarse, pero les falta energía.
Llevan en sus corazones los cadáveres de antiguas relaciones, son adictos a
las heridas como confirmación de su identidad. Cuando una amistad se
reconoce como un don, permanecerá abierta a su propio terreno de
bendición.
Cuando amas, abres tu vida a un Otro. Caen todas tus barreras. Tus
distancias protectoras se derrumban. Esa persona recibe permiso absoluto
para penetrar en el templo más profundo de tu espíritu. Tu presencia y tu
vida pueden volverse terreno suyo. Se necesita mucho coraje para permitir
semejante acercamiento. Puesto que el cuerpo habita en el alma, cuando
permites semejante proximidad, dejas que el otro se vuelva parte de ti. En
la afinidad sagrada del amor verdadero, dos almas se vuelven gemelas. El
cascarón exterior y el contorno de la identidad se vuelven porosos. Se
runden mutuamente.